Un enfoque del desarrollo para los migrantes

Enviado por Sergio Peña Herrera el 07/09/2009 a las 18:16

A pie, en camión, en avión... cerca de 200 millones de personas, es decir 3% de la población mundial, decidieron partir un día y tentar suerte en el extranjero. Una cifra en constante aumento, al ritmo de la mundialización y de la crisis  económica: en 25 años, el número de migrantes en el mundo se ha duplicado. Huir de los conflictos, sed de una vida mejor... casi tres cuartos de los candidatos al exilio vienen de países del Sur. ¿Cuántos de entre ellos, volverán un día al país de sus antepasados?.

El proyecto de retorno definitivo, un mito para los migrantes de todos los horizontes, se aplaza constantemente y se materializa raramente. Es lo que comprueban investigadores del CEPED (IRD, de la Universidad Paris Descartes, del Ined) y sus contrapartes. A través de una reflexión multidisciplinaria, han estudiado la manera cómo se articulan migraciones internacionales, el retorno al país de origen y el desarrollo. En el centro del debate encontramos el dinero invertido por las diásporas: se acompañan a menudo de efectos perversos, dichos fondos contribuyen sin embargo, de manera eficaz, a la lucha contra la pobreza, permiten el acceso a la educación o a la salud y reducen la vulnerabilidad, principalmente en la eventualidad climática. Además, reforzados con nuevas habilidades y experiencias, los migrantes al regresar al país, modifican las jerarquías sociales y políticas, los valores tradicionalistas, los comportamientos en materia de salud, etc.


Tierras donde nacen, de tránsito o de acogida: todos los países del planeta están involucrados. Tanto al Norte como al Sur, las migraciones internacionales están en el centro mismo de los desafíos políticos y de los debates públicos. Los investigadores del CEPED (IRD, de la Universidad Paris Descartes y del Ined) y sus contrapartes han analizado su impacto en el desarrollo de los países de origen de los migrantes. El mito del retorno definitivo Tan pronto dejan la madre patria, el migrante tiene una sola idea en la cabeza: volver algún día definitivamente a su país, con mejores condiciones de vida, probando su éxito social. Proyecto que se vuelca rápidamente en un sueño, en un mito, relegado constantemente hasta el momento de la jubilación, cuando el proyecto migratorio se realice o más bien cuando el contexto económico o político en el país de donde se provenga sea más favorable, etc.

Además de la evolución de su sociedad de origen, los investigadores han observado que los migrantes modifican su proyecto migratorio en función de su vida en el país de adopción: Obtención de un empleo, inserción en el estrato social, adquisición de derechos sociales, acaso la ciudadanía, constitución de una familia… Lo que conduce al migrante a redefinir con el pasar del tiempo, su relación con su comunidad.

La persona en exilio puede encontrarse entonces desfasado de los suyos, de aquellos que  permanecieron en el país, por el mismo hecho de haber adquirido experiencia en el extranjero, por sus percepciones, por la distancia geográfica y social. De hecho, un sinnúmero de migrantes no realizan jamás su proyecto de retorno y efectúan únicamente idas y venidas del país de origen al de acogida. Sin embargo, si desean conservar su lugar, su legitimidad, y por lo tanto la posibilidad, para ellos mismos o para sus hijos, de reintegrar algún día su comunidad, están obligados de todos modos, a mantener lazos de solidaridad. Es así como aportan un sustento financiero, lo más frecuente en beneficio de su familia, en el dominio de la salud, escolarización o de ayuda alimentaria, etc.



Más de 160 millones de dólares: es la suma enviada cada año por los 200 millones de migrantes en el mundo hacia los países del Sur. Un monto tres veces superior a la ayuda pública para el desarrollo. Estas transferencias  de dinero constituyen una fuente importante de ingresos para gran número de países, como Turquía, Egipto o inclusive Marruecos donde sobrepasan los ingresos por el turismo. Pero estos financiamientos desde el extranjero crean en la sociedad de origen un abastecimiento “gota a gota” sin crear realmente una dinámica interna.



Los observadores afirman a menudo que este dinero no contribuye al crecimiento económico y que es dilapidado en gastos  superfluos y en objetos de lujo. Si bien es cierto que no alimenta normalmente las inversiones productivas a nivel de la región o del país, contribuye sin embargo, al desarrollo social mejorando el nivel de vida de los individuos y de las familias. Esta fuente de ingreso permite efectivamente limitar los riesgos de pauperización. Actúa en el rol de seguro contra enfermedad, finanza la educación de los niños, permite protegerse de las eventualidades climáticas, etc. Por otro  lado, el poder económico de los migrantes constituye un reto social, y sobretodo político, importante. Desde luego, su éxito en el extranjero puede modificar por una parte, la jerarquía social tradicional. Además, su experiencia migratoria y la vida en el extranjero le permiten seguir una formación escolar, universitaria y profesional y aprender los valores tales como la democracia, la paridad hombres-mujeres o el reconocimiento de las calificaciones profesionales.



Esto también les permiten adquirir nuevos comportamientos en materia de salud así como gestión económica, etc. Finalmente, algunos de los migrantes que retornan al país, así como aquellos que permanecen en el extranjero, no vacilan en participar en el juego político frente a la tradición: cuestionamiento del poder y del papel político relacionado con la edad, con la pertenencia a una casta, o al prestigio de un linaje.

Para los países del Sur, de donde provienen los tres cuartos de los migrantes del planeta, las migraciones internacionales representan importantes desafíos en términos de desarrollo. Ayuda financiera a las familias, transferencia de competencias, defensa de los valores democráticos, redistribución del juego político…: a pesar de una cierta dependencia financiera que se instaura, los impactos positivos son múltiples. Y permanece la pregunta sobre la transmisión del lazo social: los niños de migrantes nacidos  en el país de acogida podrán continuar  ayudando a su comunidad de origen  aunque posean otro nivel de vida, nuevas exigencias en términos de consumo, otra nacionalidad, otra cultura?.



Vinculo recomendado



Institut de Recherche pour le Développement, Paris (IRD)  http://www.ird.fr/

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