De acuerdo con
informaciones publicadas por medios de comunicación nacional, el escándalo
de repactaciones inconsultas entre los
deudores de La Polar mantiene aristas enojosas, que hacen digna del escrutinio
público la contabilidad que gestionan las empresas dedicadas a la venta a
crédito de sus productos y/o servicios al público. Esto en lo general, porque
en lo particular, se mantiene la cuestión de saber ahorrar, en un ambiente
donde parecen obrar de consuno “Poderoso Caballero Don Dinero” y el consumismo.
Entrando en detalles, ya el diario La Segunda ha explicado que “La Polar también informó que el número de deudores a quienes se les renegoció su crédito sin consultar alcanzó a 418.826 clientes, o un 35 por ciento del total de su cartera”, mientras que en el diario La Tercera se ha dicho que “Sernac ha recibido 5.000 denuncias en contra de La Polar por repactación unilateral de deudas. En cuanto a la situación del resto de las empresas del retail el director del Sernac, Juan Antonio Peribonio, aclaró que, más allá de situaciones puntuales que se pudieran presentar, no existen antecedentes que permitan concluir que ésta es una práctica generalizada en el sector”.
Pero es necesario destacar que con clientes que se preocupen muy bien de sus sueldos y de todo lo que pudiesen ganar en relación a dinero, y de cuanto pueden racionalmente gastar para sus legítimas necesidades de mejorar calidad de vida, es difícil que se generalizen las practicas perversas cobranzas en algunas empresas en nuestro país, y no sólo el caso de La Polar, donde su slogan ha sido vulgarizado a “Llegar y … (aquí se pone lo que la Real Academia Española de la Lengua entiende por “Quitar o tomar para sí con violencia o con fuerza lo ajeno”).
Me refiero en especial a a un caso divulgado por radio Bio Bio, donde “Cliente explica curiosa solución luego que Líder lo “multara” en $250 mil por poner al día sus deudas” y se detalla: “Tras revisar los movimientos de mi cuenta paso a paso los últimos 90 días, se me demostró que los cargos por casi 250 mil pesos que aparecían con la glosa “Prepago de Cuotas”, corresponden a la simulación fantasma de una cuota que fue pagada con anterioridad. Cuando decidí dejar en cero la tarjeta, por un tema de “sistema contable” aparece en la boleta, pero sin ser cobrada finalmente. Debido a una mala arquitectura de su sistema de pagos, los clientes que dejan en cero su tarjeta mediante la cancelación adelantada por Internet, sufren una especie de “desconfiguración” de su información de cuotas y también de sus movimientos no facturados. Me mostraron que el pago anula y cancela los compromisos contraídos, pero el sistema no borra y en cambio transforma el nombre de las cuotas por pagar no canceladas por un cargo llamado “prepago de cuotas”. Este cargo que efectivamente sale en los movimientos no facturados y también en la cuenta del siguiente mes, no se ve reflejado en el disponible final de la tarjeta de crédito, por lo que es un cargo, que finalmente no es cobrado. Este problema que lleva a una total confusión del cliente fue asumido como un falencia por la tarjeta Presto, ya que si bien el cobro al final no existe en la realidad aparece en la cuenta, lo que genera reclamos y problemas como el expuesto. Presto Líder también asumió que hubo serias negligencias en mi cadena de reclamos, ya que cuando supe de estos cargos, ni la ejecutiva de atención a cliente de la sucursal Vitacura-Buenaventura como tampoco nadie del Call Center de Presto fueron capaces de detectar esta anomalía”.
Dicho y hecho: no olvide lo que pasa en otras tiendas de retail al momento de comprar, pero también sepa ahorrar.
EMISOR DIGITAL ES INTELIGENCIA INFORMATIVA PARA EL DESARROLLO









Cuando ganaba sólo un sueldo "vital", me vi metida en un crédito con una casa comercial, del cual me costó mucho salir. Trabajaba con una firma de abogados que seguía juicios contra deudores de una firma grande. Conocer el drama de tantos deudores que, confiadamente se metieron en créditos con pagos a largo plazo y luego, al sufrir percances de todo tipo, no estuvieron en condiciones de pagar, me hizo decidir que JAMAS volvería a comprar a crédito. Compraría sólo al tener el dinero en la mano. Lo he cumplido hasta ahora. La única excepción fue la adquisición de una vivienda, cuyos dividendos se descontaban automáticamente de mi sueldo.
Y he podido dormir tranquila.